Jueves 22 de mayo

Pilquiniyeu del Limay 2014

El día martes 6 de mayo los alumnos de 5to año partimos de Bariloche en un viaje de intercambio educativo/cultural hacia el Paraje de Pilquiniyeu del Limay, ubicado en la Línea Sur de nuestra provincia, a 200 km. de nuestra ciudad.




Las condiciones climáticas y la llegada de la noche nos detuvieron en el Paraje de Laguna Blanca, 30 km. antes de nuestro destino. Allí decidimos parar a dormir y tuvimos la suerte de haber conocido a Cristina. Esta mujer, desinteresadamente, nos abrió las puertas del “Salón de Artesanos” que funciona para la confección de productos que luego se traen al conocido “Mercado de la Estepa”. Sin pensarlo ni dudar, nos consiguió lugar parar a dormir, para poder calentarnos luego del frío del día, para cocinar y mantas para quien las necesitaba. La hospitalidad y amabilidad que se nos brindó merecía al menos un párrafo en esta pequeña reseña del viaje.

Al otro día, finalmente llegamos a nuestro destino. Rubén, el director, sus maestras y alumnos nos esperaban en la entrada de la escuela-hogar N° 120 que pasaría a ser, durante 3 días, nuestro hogar también.

Luego de las presentaciones y de recibir las indicaciones del funcionamiento de la escuela, empezamos a organizar los grupos de trabajo y el armado de los talleres.

El primer día nos encontró labrando la tierra que luego se convertiría en una huerta que dejamos para que puedan abastecerse de algunos alimentos y aprender sobre la importancia del aprovechamiento de los recursos naturales. Almorzamos, conocimos a algunos vecinos y nos dispusimos a que Vero Capobianco nos organice varios juegos que sirvieron para romper el hielo y empezar a interactuar con las personas del lugar. Esa noche, luego de la cena, se proyectó una película que vimos todos juntos y acompañamos con pochoclos.

Al otro día, desde temprano, mientras los alumnos del paraje concurrían a clase, nos dividimos en comisiones de trabajo para ayudar en reparaciones de terrenos que se encontraban en muy mal estado. El entusiasmo y la fuerza de 41 jóvenes fue suficiente para rellenar calles, alisar terrenos, diseñar canaletas y levantar y armar la estructura de la huerta.

Esa tarde, los alumnos y maestros del lugar nos llevaron a conocer una cascada que consistió en una caminata en donde nos instruyeron sobre los animales y plantas de la zona, muy distintas a las que estamos acostumbrados a ver. A la vuelta, mientras algunos seguían con el arduo trabajo de preparar la huerta, el resto de los jóvenes y niños se unieron en un taller de artes manuales y plásticas. Se realizaron todo tipo de artesanías a base de pinturas y macramé.

La última noche, la del jueves 8, tuvo un condimento especial. Se invitó a los vecinos de lugar a compartir unas pizzas, intercambiar anécdotas, historias de vida que nos hizo ver las distancias sociales y culturales que existen entre dos lugares que se separan tan solo por 200 km.

Mientras seguían las anécdotas e intercambio de historias, llegó el momento de la música. A través de un bombo, un cajón, charangos, guitarras y un acordeón, vecinos, maestros, alumnos del Woodville y profesores entonaron durante dos horas un sinfín de canciones que fueron acompañadas por el canto y el baile de todos los presentes. Fue una despedida inmejorable que llegó a su fin porque a la electricidad le quedaba poca vida ese día.

El viernes 9 de mayo volvimos... Abrazos, regalos, fotos, cartas y saludos iban y venían antes de que la bocina del colectivo de Alejandro indique el momento de emprender el regreso a Bariloche, a nuestra realidad y cotidianidad.

Es necesario reconocer a las personas de todo el paraje y agradecerles por la calidez y atención que se nos brindó.

Creo que merece la pena terminar esta nota con reflexiones de los alumnos que participaron de este inolvidable viaje:

“La experiencia me sirvió para valorar todo lo que tengo”

“Me reencontré espiritualmente con muchas cosas”

“Expandí mi pensamiento a otras culturas, otras maneras de vivir”

“Los niños no conocen otra alternativa y viven felices a pesar de ello. No necesitan cosas, son felices relacionándose entre ellos y con la naturaleza”


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