Miércoles 15 de mayo

Clemente Onelli 2013

Los estudiantes de 5to año participaron del 22 al 25 de abril de un intercambio cultural y solidario con los alumnos de la Escuela Nº 104 del paraje Clemente Onelli, ubicado a 160 kilómetros de Bariloche. Los chicos prepararon y llevaron a cabo distintas actividades y talleres, además de entregar a la escuela donaciones por ellos solicitadas. Compartieron cuatro días juntos, en los que supieron construir un muy lindo vínculo de encuentro y comprensión de las realidades tan diversas que existen entre ellos. Resultó ser un viaje gratificante tanto para los alumnos de Clemente Onelli como para los nuestros. Una experiencia que llevarán siempre consigo.



El lunes 22 de abril a las 15.00 hs. partía el tren desde Bariloche con destino al Paraje Clemente Onelli, donde comenzaría una experiencia que resultó inolvidable para nosotros, jóvenes de 5to año.

La preparación comenzó un mes antes cuando, una vez definido el lugar y percibidas las necesidades, nos pusimos en campaña para poder no sólo conseguir la mayor cantidad de materiales para donar, sino también para organizar lo que serían 3 días de intercambio con los alumnos de primaria de la Escuela-Hogar Nº 104 que marcó en la vida de todos los participantes un antes y un después.

Luego de 4 horas de viaje, el tren arribó a la pequeña y casi abandonada estación de Onelli, en donde nos esperaban el policía del lugar, Alfredo, y el portero de la escuela, Ariel. Con ellos cargamos en sus camionetas lo que se pudo recolectar y lo llevamos a la escuela para entregárselo a Eduardo, su director. Una vez en la escuela, fuimos cálidamente recibidos por las maestras y los niños que no pudieron evitar esconder esa alegría inmensa por la llegada de 24 jóvenes que compartirían tanto tiempo y tantas vivencias juntos.

El primer día se fue rápido pero tuvo la intensidad propia del encuentro y el intercambio de dos grupos de personas que, aunque distanciadas por solo 160 kilómetros, poseen realidades y culturas muy diferentes.

El martes 23, luego de compartir el desayuno con los 43 alumnos que allí concurren, pusimos en marcha las actividades que teníamos previstas y otras que fueron surgiendo a medida que transcurría el día. Durante la mañana, mientras se dictaba clase y alguno de nosotros compartía las mismas ayudando a las maestras y a los alumnos, otros nos dedicamos a refaccionar la biblioteca que, por falta de recursos, se encontraba muy deteriorada. Este fue el mayor desafío a llevar a cabo y nos ocupó gran parte de los 3 días que estuvimos allí. El espacio era muy grande, los libros muchos y el mobiliario escaso. Nos resultó realmente gratificante cuando por fin pudimos dejar la “nueva” biblioteca en condiciones para que los alumnos de la Escuela-Hogar la disfruten como merecen.

Una vez finalizado el exquisito almuerzo que nos prepararon las cocineras, llegó Mauro, nuestro coordinador de Educación Física, que viajó 4 horas para llevar adelante varios juegos de recreación. Estos, además de hacernos pasar un excelente momento, nos ayudaron a concluir con la etapa de “hacernos amigos” que tanto anhelábamos todos. A partir de ese momento, la confianza conseguida permitió un acercamiento mucho más profundo que posibilitó el conocernos más y aprender muchas cosas de las distintas vidas que llevamos.

A las 8 de la mañana del día siguiente, partimos varios de nosotros en la camioneta de Alfredo a visitar a los únicos 7 alumnos que concurren a otra escuela rural, ubicada en el paraje de Anecón Grande, a 35 kilómetros de Onelli. Nos recibió Nancy, la directora y maestra de los niños.

A las 10 de la mañana llegaron los alumnos. Mientras desayunábamos con el pan casero que preparó Dominga, nos contaron que el horario de clase cambió ya que algunos deben caminar hasta 11 kilómetros para poder estudiar cada día. Una realidad que nos impactó fuertemente y que, por otro lado, nos enseñó a valorar las oportunidades que tenemos. Volvimos de visitar a algunos vecinos de la zona y nos esperaba Casimiro con un chivito que quisieron regalarnos por haber llegado hasta tan adentro en la montaña a pasar esa tarde con los alumnos. Entre asado y chacareras la tarde se fue yendo y nosotros regresamos a Clemente Onelli, en donde las actividades no cesaban. La luna llena nos encontró volviendo de una caminata que nos convocó a docentes y alumnos de ambas escuelas, una buena excusa para seguir afianzando esta mágica relación que fuimos tejiendo poco a poco.

El jueves amaneció sabiendo que esa mañana sería la última de este tan fructífero viaje. Mientras preparábamos las despedidas y los bolsos, Juani, nuestro profesor de Geografía, acompañó a cada grado a la biblioteca terminada para mostrar el esfuerzo que se hizo y para darles una charla sobre como cuidarla y aprovecharla.

A media mañana las cocineras nos sorprendieron una vez más regalándonos un desayuno con torta fritas. Nos llenamos las panzas y, ahora sí, era momento de la despedida. Nos juntamos todos en el comedor y compartimos los sentimientos encontrados que teníamos por la alegría de lo vivido y el sabor amargo que produce el decir “adiós”.